iHeart Numbers

Uno puede ser escrito como la suma de muchos reales...

Pieces of glass in the ocean

Stolen gold in the sea

They’re looking and seeking, but they never find

They say they are right, but they’re blind

 

And I, I’ve nothing to lose

They have taken all my things

So I, I just wait in here

For “The last shall be first”

 

Hearts that were used, in the desert

Many of them, they don’t beat

Voices that echo in a concert

Crickets that make my ears fly

Se siente raro.

Varias veces me he puesto a escribir sobre lo que pienso, mas pocas son las veces en las que he hablado sobre lo que siento. ¿Será que no tengo la capacidad de sentir? ¿Será que no quedaba en mí más que el destello de dolor que acabo de sentir en mi corazón? ¿Será que se esfumó?

Hace un tiempo me he estado cuestionando todas estas cosas, intentando ir al fondo de todo, tratando de encontrar una respuesta a mi aparente adolescencia de humanidad. Pienso que nunca hablé sobre cómo me sentía porque jamás sentí algo.

And I can’t fall asleep without a little help 
It takes a while to settle down 
My shivered bones 
Until the panic sets 

Dicen que el amor simplemente llega, tú no lo buscas. Bueno, dicen muchas cosas. Muchas cosas. Lo cierto es – y es lo más preocupante – que tampoco “siento” necesidad de sentir algo.  ¿Será una enfermedad psicológica  ¿Será algo propio de la edad? ¿Será que no estoy solo en esto? Bueno, como sea, es solitario.

But I won’t follow you into the rabbit hole 
I said I would, but then I saw 
Your shivered bones 
They didn’t want me to 

Charlas con mis amigos me han hecho sentir bien. Últimamente he conocido a algunas personas que me han dicho lo que piensan de esto; resulta que no es tan raro. Aún así se siente raro, y sí, esta vez no puse comillas en la palabra “siente” porque creo que es lo único que se siente en este momento.

Se siente raro.

¡Un momento, esto es maní! Dijo la joven al manicero, mientras escupía.

Microcuento (Matías Martínez)

La mejor mamá del mundo.

No estoy acá para escribir un poema sobre lo mucho que amo a mi mamá y refregarles en la cara que creo que ella es la mejor mamá del mundo, tampoco pretendo hacerles creer que todas las mamás son las mejores.

La verdadera razón por la que estoy escribiendo esto, es por que encuentro absurdo, que todos crean que su mamá es la mejor mamá del mundo. Es una contradicción del porte de un buque.

Si yo te digo que mi mamá es la mejor mamá del mundo y tú me dices que la tuya lo es, quiere decir que al menos uno de los dos está equivocado. Si extrapolamos esta situación para todas las personas que creen en la superioridad maternal de sus madres entonces nos topamos con un problema gigantesco. 

¿Es tu mamá la mejor mamá del mundo? Probablemente para ti sí (puede ser que no), pero creo que deberíamos llegar a una convención sobre quién se merece el título de mejor mamá del mundo, después de todo, si ella puede vencer a mi mamá, entonces se merece un reconocimiento.

¿Qué debe tener la mejor mamá del mundo? Aquí llegamos a otro problema. Tenemos que ponernos de acuerdo, primero, en qué define a una mamá, para poder evaluarla como tal. Le pregunté a mi mamá qué es lo que debe hacer una mamá para ser una buena madre, y me dijo “estar”. Supongo que es lo que más importa, “una mamá presente es una mamá” (Tautología mode on). 

Una visión objetiva (desde el punto de vista de una persona externa a la familia) también es importante. Un hijo (y esto se cumple casi siempre) está cegado por el amor que tiene a su madre. Muchos hijos, con una mala madre, nunca van a admitir   la mediocridad maternal porque simplemente no lo van a notar (el amor es tan lindo). Entonces un grupo de evaluadores extraterrestres debería venir a evaluar, valga la redundancia, a todas las madres de la tierra. Ok, me fui en la volá’.

Hoy pasé por una feria artesanal. Había un puesto lleno de regalos para las madres, muchos de ellos con el mensaje genérico “Mamá, eres la mejor mamá del mundo”. No sé cómo no se le caía la cara de vergüenza a la señora que los vendía, teniendo certeza de que ese mensaje llegaría a distintas madres. Pero pensándolo bien, cada persona que compra uno de estos presentes para su madre, está generando una sonrisa, un lindo momento, posiblemente uno muy emotivo. En otras palabras: las mamás realmente se lo creen. Finalmente esto es lo que importa, la solución a la contradicción es que las mamás están programadas para creerte cuando le digas que es la mejor mamá del mundo. Eso la vuelve, a tus ojos, la mejor mamá del mundo.

Mamá, eres la mejor mamá del mundo.

Vivir bajo el misterio

Misterio (Del lat. mysterĭum, y este del gr. μυστήριον). Cosa arcana o muy recóndita, que no se puede comprender o explicar.


¿Qué es lo que nos mueve?

Una buena manera de vivir el día a día, de crecer como persona y de mejorar nuestra forma de ver el mundo es por medio de las metas. Es así como, poniéndonos metas, podemos llevar, de forma ordenada, nuestras vidas. Ponerse una meta, cumplirla, ponerse otra y vivir a base de motivaciones es algo fundamental, y ya sea consciente o inconscientemente, es algo que todos hacemos.

Imaginemos un mundo sin limitaciones, un mundo en el que ni siquiera corre el “puedes tenerlo todo” sino el “lo tienes todo”. ¿Qué motivación puedes tener? ¿Qué sentido tiene vivir una vida así? No creo que sea necesario responder a estas preguntas, puesto que (no sé si afortunada o desafortunadamente) la vida no es así. Simplemente no podemos tenerlo todo en la vida, y a veces, tenemos que aprender a conformarnos con lo que tenemos, teniendo muy claro, previamente, las cosas que podemos o no lograr.

Está bien tener límites, cuando sabemos a qué podemos optar o no… ¿pero qué pasa si no sabes si puedes o no optar a algo? He ahí el concepto de vivir bajo el  misterio.

Aprende a vivir bajo el misterio y enséñame cómo lo haces.

Science without religion is lame. Religion without science is blind.

Albert Einstein

¿Puede Dios crear una piedra tan pesada que Él mismo no pueda mover?

¿Puede Dios crear una piedra tan pesada que Él mismo no pueda mover?

Esta pregunta ha sido usada durante mucho tiempo por escépticos, para “probar” que no se puede ser omnipotente, pues sería una aberración a la lógica como la conocemos. Pues claro, ¿cómo puede haber alguien omnipotente que no pueda crear una piedra? y si existe, ¿cómo puede, en su calidad de omnipotente, no mover la piedra?. Parece ser una contradicción. Es como intentar concebir una fuerza irresistible y un objeto inamovible en la física. Todos podemos imaginarnos una fuerza irresistible y un objeto inamovible, lo que no podemos concebir es la coexistencia de ambos en la misma realidad. El ejemplo de la fuerza irresistible y el objeto inamovible es una contradicción, y no puede existir, puesto que desafía el principio más importante de la lógica: La ley de la no contradicción. ¿Será aplicable esta solución al problema inicial de la omnipotencia de Dios? La respuesta es no, porque el dilema de la piedra pesada no corresponde a una contradicción, sino a una paradoja. Y es una paradoja porque está partiendo de una premisa falsa: Dios puede hacer todas las cosas.

La omnipotencia de Dios no quiere decir que Dios pueda hacer todas las cosas, Él, de hecho, está limitado por su propia naturaleza: No puede ser santo y pecador al mismo tiempo, no puede haber sido creado y ser preexistente al mismo tiempo, no puede mentir (Hebreos 6:18). En conclusión tenemos que Dios es soberano sobre todo lo que Él ha creado y puede hacer lo que quiera sobre la creación, pero no puede ir en contra de su propia naturaleza. Entonces la respuesta a esta paradoja es no, Dios no puede crear una piedra tan pesada que Él mismo no pueda mover porque estaría atentando contra su propia naturaleza, Él no puede crear algo sobre lo que no pueda ser soberano, por lo tanto no puede crear dicha piedra. Así es como esta paradoja, que parecía ser contradicción, ha sido solucionada.

Componer: ¿Qué fue primero, la letra o la música?

Durante estos años, y al principio muy burdamente, me he dedicado a componer canciones del género Gospel / Christian Rock. Digo burdamente porque, con el tiempo, se van ganando técnicas personales que hacen más fácil esta labor. Es así como me sentaba al piano, o una guitarra a hacer armonías, una melodía y cantar algo que “calzara” con la música que estaba tocando.

Con el tiempo me dí cuenta que crear la letra antes que la melodía podía ser mucho más fácil y ventajoso, ya que no estás limitado por la música que ya tienes hecha, sino que la música irá en función de la letra. Esto da mayor agilidad al momento de usar palabras que no están en el lenguaje coloquial y además es la técnica más usada por los compositores. Por otro lado, el crear la letra en función de la música también sirve cuando se quiere privilegiar la linea melódica por sobre la poesía, o cuando uno ya tiene una idea musical en mente. Esto permite, obviamente, mayor movilidad de la melodía, ya que, análogamente al caso anterior, no hay que estar limitado por los esquemas que la letra está imponiendo sobre la música.

Ambas técnicas son igual de buenas y mezclarlas de manera que la composición sea perfecta es el trabajo que se espera lograr. No se debe confundir la melodía de la canción con la armonía, ya que la armonía puede cambiar completamente (manteniendo inmutable la melodía) y la canción seguirá siendo la misma (Entiéndase la armonía de la canción, coloquialmente como los acordes de esta).

Finalmente: Tengo un montón de letras sin música y músicas sin letras, así se nos va la vida.

El Placer

“No es vergonzoso que el hombre sucumba bajo el dolor, pero sí es vergonzoso sucumbir bajo el placer… ¿A qué se debe, pues, que sea glorioso para la razón sucumbir bajo el esfuerzo del dolor, y que le parezca vergonzoso sucumbir bajo el esfuerzo del placer? A que no es el dolor lo que nos tienta y nos atrae; somos nosotros mismos los que lo elegimos voluntariamente y queremos hacer que nos domine, de tal suerte que señoreamos la cosa, y de ese modo el hombre sucumbe a sí mismo; en cambio en el placer es el hombre el que sucumbe al placer (Pascal).”

 

¿Qué es el placer? Esta palabra se usa de distintas maneras, pero considerando su uso en el dominio popular, parece conveniente definirlo así: el sentimiento de satisfacción que de la esfera sensitiva se difunde a la psíquica y espiritual, como respuesta del sujeto a la consecución de un bien. El término “placer” no es unívoco sino que es ciertamente un término ambiguo y equívoco. El siguiente ensayo Comprende la aproximación histórica a la idea de hedonismo, del placer Freudiano, complementado con una visión (fundamentada en la experiencia personal) respecto a la tesis central.

Debemos comenzar comentando históricamente un concepto fundamental dentro de lo que llamamos placer; El hedonismo. Este concepto pertenece a la doctrina filosófica basada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor como objetivo o razón de ser de la vida.  El padre del hedonismo fue Aristipo de Cirene. El enseñaba que el placer es el objetivo universal y fundamental del esfuerzo. Por placer no solo quería decir el placer sensual sino también las formas más elevadas de gozo, placeres mentales, amor doméstico, amistad, y satisfacción moral. Sus seguidores, sin embargo, redujeron el sistema a una defensa de la auto-complacencia.

 A la escuela cirenaica (a la cual pertenecía Aristipo de Cirene) sucedió la escuela de Epicuro, quien enfatizó la superioridad de los placeres sociales e intelectuales sobre los de los sentidos. También confirió mayor dignidad a la doctrina hedonística combinándola con la teoría atómica de la materia; y esta síntesis encuentra su expresión refinada en el determinismo materialista del poeta romano Lucrecio. Epicuro enseñaba que el dolor y el autocontrol tienen un valor hedonístico; porque el dolor es a veces un medio necesario para la salud y el placer; mientras el autocontrol y el ascetismo prudente son indispensables si quisiéramos asegurarnos el máximo de placer. Con el decaimiento de los viejos ideales romanos y el ascenso del imperialismo, la filosofía Epicúrea floreció en Roma. Ella aceleró la destrucción de las creencias religiosas paganas, y, al mismo tiempo, estuvo entre las fuerzas que resistieron al Cristianismo. El resurgimiento de los principios hedonísticos en nuestros propios tiempos puede tener su origen en una línea de filósofos Ingleses tales como: Hobbes, Hartley, Bentham, James Mill, John Stuart Mill, los dos Austin, y más recientemente, Alexander Bain, que popularmente son conocidos como Utilitaristas.

 Actualmente, a los hedonistas se les considera cómo egoísta y altruistas, lo cual es negado por bastantes filósofos  contemporáneos, tales como Michael Ofray. El manifiesta en una entrevista que “Se cree que el hedonista es aquel que hace el elogio de la propiedad, de la riqueza, del tener, que es un consumidor. Eso es un hedonismo vulgar que propicia la sociedad. Yo propongo un hedonismo filosófico que es en gran medida lo contrario, del ser en vez del tener, que no pasa por el dinero, pero sí por una modificación del comportamiento. Lograr una presencia real en el mundo, y disfrutar jubilosamente de la existencia: oler mejor, gustar, escuchar mejor, no estar enojado con el cuerpo y considerar las pasiones y pulsiones como amigos y no como adversarios.” Otra defensora de hedonismo fue Valérie Tasso, quien afirma que “El hedonismo es una actitud ante la vida. Es una filosofía vital que prima al instante sobre el devenir, que reivindica la valentía sobre el miedo, que respeta la materialidad y cuestiona el espíritu, que gestiona lo que sucede sin despreciarse por lo que nunca sucedió, que aprecia la lógica de la vida y cuestiona la lógica de la muerte, que sabe que lo suficiente es suficiente, que busca el placer donde está, no donde se busca, que hace de su cuerpo su aliado y no su prisión, que desea sin que lo esclavice su deseo, que emplea su tiempo más que su dinero[…] El hedonista ejerce el difícil arte de establecer la paz consigo mismo.” (Opus cit; “Antimanual de sexo”, pag.84).

Ahora bien, si consideramos el funcionamiento de nuestra mente, Sigmund Freud, creador de la teoría psicoanalítica, identifica dos conceptos fundamentales que rigen las mentes: El principio de placer y el principio de realidad. En el primero, el conjunto de la actividad psíquica tiene por finalidad evitar el displacer y procurar el placer. En el segundo principio, Forma un par con el principio del placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, la búsqueda de la satisfacción ya no se efectúa por los caminos más cortos, sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior.

Luego de tener una idea, tanto histórica cómo psicoanalítica, decidí dejarme llevar por el hedonismo, con el sólo fin de encontrar aquel placer que Aristipo de Cirene o  Epicuro enseñaba a sus seguidores. Para ello busqué un lugar adecuado para tal encuentro, llegando finalmente a una playa, esta se veía tan tranquila, el mar, las olas no eran ni demasiado grandes, ni demasiado pequeñas, eran perfectas. Podía sentir la tranquilidad que la naturaleza puede brindar algunas veces, cuando uno logra concentrarse en ella, volverse uno con ella, sentirnos parte de lo que somos: naturaleza.

            Me acosté en la arena, cerré los ojos y me concentré en el sonido del mar. ¡Qué sonido más majestuoso! Tan suave, tan prudente, tan equilibrado, tan simétrico, tan sincronizado. Dicho sonido me hacía recordar momentos de mi niñez, momentos de los que sólo tengo imágenes vagas y efímeras, y otros momentos que podía recordar a la perfección. Esa felicidad, esa alegría que me inundaba, ese placer que sentía al recordar todos estos momentos no tienen precio.

            Todo el collage de elementos, ya sean sonidos, imágenes, recuerdos y sensaciones se unían creando un todo al que llamé objeto de placer, al cual definí como un conjunto de elementos de distintas clases que me hacían sentir goce. Este objeto de placer no permanecía inmutable a través del tiempo, sino, siempre cambiaba. Algunos elementos estaban ahí y luego ya no estaban, otros elementos se unían de a poco a medida que los sentía y que los recordaba. Al escribir este ensayo soy capaz de recordar este objeto de placer y sentirme lleno, pleno, tranquilo y sin ningún miedo, cosas que también sentí en ese momento.

            Este conjunto de vivencias, sonidos y sensaciones que denominé objeto de placer me envolvía haciéndome sentir plácido. Sentía el placer pero no lo podía definir, así que lo definí en función de lo que sentía en ese momento: plenitud, tranquilidad, seguridad, paz, descanso.  Todas las tensiones parecían desaparecer con el placer que sentía acostado en la arena, tal como Freud lo habría dicho.

            Al contemplar el objeto de placer en todo su esplendor, todas estas sensaciones que sentía, este goce me hacía creer ser feliz. Así es, por algún momento creí haber alcanzado la felicidad que todos buscamos producto del objeto de placer y me pareció un excelente ejercicio poder experimentar la teoría hedonista de los epicúreos y darme cuenta por mí mismo que mientas sintiera este placer podía sentir ser feliz aunque muy dentro supiera que era no más que una sensación efímera causada por el efecto que producía en mí el objeto de placer.

            Desperté sintiendo la luz del sol quemando mi piel. Los músculos de mi rostro se estremecían al intentar abrir los ojos. En ese momento el objeto de placer ya se había esfumado. Intenté recordarlo todo de nuevo pero no lo logré, esta vez había algo que no me permitía sentir lo que había sentido un tiempo atrás: la luz del sol pegada a mi cara.

            La luz del sol hacía que el sonido del mar no fuera más que otro indeseado ruido, que todo lo que mis ojos veían se distorsionara en función de cómo cerraba mis ojos para protegerlos del sol. Ahí me di cuenta que mientras estuviera inundado por la luz solar no podría seguir sintiendo placer. Mi organismo tendía a bloquear las tensiones y el displacer pero parecía imposible. Mi cuerpo estaba sudado, pegado a mi ropa, el sol no me dejaba ver nada, el “ahora ruido” del mar hacía resonar mi oídos formando un nuevo cuerpo que llamé objeto de displacer cuya definición, análoga a la del objeto de placer, era el conjunto de elementos que me hacían sentir displacer, que me hacían sentir tenso.

            Antes de eliminar la luz solar, en aquel estado donde uno no está seguro de estar durmiendo o estar despierto, decidí dedicarme a sentir displacer y de alguna manera transformarlo en displacer, cambiando los paradigmas de mis deseos, haciendo que el deseo máximo para mí sea estar en las condiciones en las que estaba, esto es sudado, acalorado, tenso, etc. No lo logré.

            Me paré, y abrí los ojos. Todo parecía haber vuelto a ser como había sido en un principio. Todo estaba ahí pero nada tenía alguna connotación placentera ni displacentera, los elementos solo cohabitaban juntos sin ninguna especie de armonía aparente.

            El mirar hacia el horizonte realmente parecía una actividad extraordinaria, el saber que si avanzaba hacia adelante infinitamente sin cambiar mi trayectoria me haría volver al punto desde el cuál partí; me hizo sentir pequeño en este mundo. Eso me hizo pensar en la vida eterna. Para mí pensar en la vida eterna constituye una verdadera travesía, retando los límites de la lógica matemática. Sí bien el infinito puede ser representado con un símbolo lemniscata, no puede ser concebida por seres finitos como nosotros que conocemos un comienzo a nuestras vidas. No veo en realidad una verdadera utilidad al pensar en la vida eterna, pero esta vez quise hacerlo. Pensar en un hecho que parece terminar en el comienzo de él mismo y que sigue así indefinidamente llevaría a un ser finito como nosotros a dedicar toda nuestra vida en eso, esto genera una angustia profunda de la que cuesta salir. Identifico esta angustia como otro elemento del objeto de displacer que vive en todos los elementos de este conjunto en la playa.

Concluyo este ensayo planteando lo siguiente ¿ cuántos de nosotros hemos tratado muy a menudo de vivir fuera del sentido común: conduciéndonos más allá de nuestros medios, actuando en contra de nuestro buen juicio para cubrir las apariencias, convirtiéndonos en alcohólicos, trabajólicos, adictos a la comida chatarra  aunque lo “sabemos bien”? Hay una gran cantidad de moralistas que nos imploran que conduzcamos nuestros asuntos más sabiamente, pero somos propensos a rechazar sus métodos: ellos condenan nuestro deseo natural por el placer como pecaminoso, y luego continúan encasillando la moralidad en términos de intereses abstractos de la “sociedad”, o por los obscuros edictos de una deidad invisible. Cuando nos ajustamos a este camino, ¿estamos más inclinados a someternos o a rebelarnos a ese consejo, ante la exasperación del momento?.

El mensaje epicúreo, sin embargo, con su enfoque sobre el placer como base natural de la moralidad, tiene más fuerza para resistir. Cuando un epicúreo contempla el placer lo hace ponderando más ampliamente el cómo lograr que éste se maximice. Él puede abstenerse de ciertos placeres, pero actúa así para ganar aún más placer en el futuro, de manera alguna para desechar el placer en sí mismo. Es más, cualquiera de nosotros puede entrar en contacto con nuestros sentimientos en cualquier situación, si nos molestamos en hacer una pausa en busca de un momento de introspección, todos estamos calificados para convertirnos en nuestros propios intérpretes morales.

The Epicycle

Dos ojos ven más de lo que tres orejas pueden escuchar, más de lo que cuatro manos pueden palpar y definitivamente más de lo que un ojo puede ver.

Es increíble cuanto daño puede hacer algo que difícilmente conoces, algo de cuya existencia podrías llegar incluso a dudar. Pero estamos aquí y no en algún otro lugar, ciertamente.

Dos ojos ven más que uno.